16 de noviembre de 2010

Candidato para la existencia de vida extraterrestre número 2: Europa

Continuando con esta serie de artículos acerca de los lugares más probables para la existencia de vida extraterrestre en nuestro sistema solar, nuestro próximo candidato no es un planeta, sino uno de los muchos satélites naturales del planeta Júpiter: la luna Europa.

Antes de continuar, debo decirlo: Europa simplemente me fascina. Desde que leí por primera vez, hace muchos años, acerca de sus extraordinarias condiciones y su más que probable capacidad para albergar vida, siempre sentí que Europa es un lugar muy especial en nuestro sistema solar. Y desde ese momento nunca dejó de motivar mi curiosidad y mi imaginación; incluso he escrito varias historias de ciencia ficción sobre la vida en Europa (espero algún día poder publicarlas). Por cierto, apuntar mi primer telescopio a Júpiter y observar a Europa orbitando al planeta fue una de las experiencias más maravillosas que he vivido; una de esas que te hacen ver cómo es realmente el universo y replantearte tu lugar en él.

Observada desde el exterior, Europa es una luna cubierta completamente por una gruesa capa de hielo superficial. En las fotos tomadas por la sonda Galileo podemos observar dos características principales de la superficie de Europa que captan nuestra atención: una serie de grietas oscuras que se entrecruzan sobre el hielo y una baja cantidad de cráteres en su superficie. Y la explicación a ambas nos es proporcionada por el dato más asombroso que hemos obtenido sobre la composición de este peculiar satélite: un extenso océano de agua líquida bajo la superficie helada.


El tamaño de Europa es muy similar al de nuestra Luna, siendo el satélite joviano apenas más pequeño. La composición general de Europa consiste en un núcleo de hierro que representa menos de la mitad de su radio, recubierto por un manto rocoso compuesto principalmente por rocas silíceas y reposando por encima una capa de muchos kilómetros (aproximadamente 100 km) de agua líquida y hielo.


Europa orbita a Júpiter cada tres días y medio en una órbita excéntrica, y al igual que sucede entre la Tierra y la Luna, siempre muestra la misma cara al planeta que orbita. A causa de la excentricidad de su órbita, en algunos momentos se encuentra muy cerca de Júpiter y en otros más lejos. Sumado a las gigantescas fuerzas gravitacionales de Júpiter, esto ocasiona fuertes efectos de marea en el océano interior de Europa: cuando se encuentra más cerca de Júpiter las mareas son mucho más altas que cuando se encuentra lejos. Se cree que este movimiento de mareas eleva y desciende el nivel oceánico bajo la capa de hielo, generando un movimiento intenso constante, causando las grietas que vemos sobre la superficie de Europa.

Pero aunque las grietas superficiales son una importante evidencia de la estructura líquida interna del satélite, éstas no son la consecuencia más importante del efecto de mareas presente en Europa. Las inmensas distancias que separan a Europa del Sol impiden que reciba el calor y la energía que serían esenciales para la vida (las temperaturas superficiales de Europa descienden hasta los -160°C). Pero este problema es resuelto gracias al efecto de mareas, cuya constante fricción y movimiento calientan el interior de Europa, sustentando el agua en estado líquido y a temperaturas templadas, creando condiciones muy favorables para el desarrollo de la vida.


Una característica que diferencia a Europa del resto de los satélites jovianos es la escasa cantidad de cráteres que se presentan sobre su superficie. La explicación a esta particularidad también recae en la presencia de su océano interior. Cuando un meteorito colisiona con el hielo superficial de Europa crea una gigantesca grieta. Las intensas mareas del océano interior fuerzan la salida de agua líquida a la superficie, la cual se extiende y congela sobre el cráter, formando una nueva capa superficial que oculta el evento.

Entre algunos de los datos enviados por la sonda Galileo, uno de los más cruciales fue la detección de un campo magnético inducido por Júpiter, de modo que en el interior de Europa debe existir algún material conductor que genere dicho campo. La solución más probable propuesta por los investigadores es agua líquida con sales disueltas. La presencia de agua líquida salada aumenta aún más nuestras esperanzas de presencia de vida en los océanos de Europa.

Por desgracia, existe un lado negativo, y es que la exploración de Europa será sumamente difícil. Aunque se está trabajando en diferentes alternativas para alcanzar el océano subsuperficial, no existe en la actualidad ningún plan practicable para colocar en la superficie del satélite una excavadora que pueda atravesar los muchos kilómetros de hielo.


Europa es un lugar asombroso que parece cumplir con
los tres requisitos fundamentales para la vida. Dada la importancia que el agua líquida reviste para los seres vivos, Europa es uno de los lugares de mayor interés para los astrobiólogos. El agua líquida parece ser un compuesto raro en nuestro sistema solar y aquí tenemos todo un océano. El carbono no sería difícil de encontrar, suponiendo que exista un proceso de circulación interna que pueda transferir moléculas de elementos más pesados desde el manto y el núcleo hasta el océano líquido. La cuestión de la energía es un poco más complicada, dado que la fuente de energía principal, la radiación solar, es absorbida por la superficie helada. De modo que la energía tiene que obtenerse de otros modos, posiblemente a través de procesos volcánicos o magnéticos. Algunos astrobiólogos creen que podrían existir flujos de magma y fumarolas en el fondo oceánico de Europa, como se dan en nuestro planeta. Estas fumarolas podrían proporcionar tanto el carbono como la energía necesarios para construir un ecosistema.

En estudios recientes se ha estimado que Europa tiene suficiente cantidad de agua líquida con altas concentraciones de oxígeno, incluso mayores que en nuestros mares. Dichas concentraciones serian suficientes no solo para el mantener vida microbiana, sino también para el desarrollo de formas de vida más complejas. Solo nos resta esperar que el progreso de la ciencia y la tecnología nos brinde herramientas para poder sumergirnos en los prometedores océanos de esta excitante luna y quizás descubrir las primeras evidencias de vida compleja extraterrestre en nuestro sistema solar. Y sabemos que Europa cuenta con todas las condiciones para brindarnos eso y mucho más.

Fuentes:

2 comentarios:

  1. Tu consentida :P Genial como siempre Dami!!!

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  2. Por supuesto que sí, Pris, mi amada y consentida Europa; como me conoces. Me voy a morir tranquilo el día que me digan que habían pescaditos fluorescentes o pulpos que pueden leer la mente habitando ese magnífico océano, jajaja.

    Muchas gracias por el comentario Pris, gracias por leer y que estés muy bien. Un beso grande!

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