16 de abril de 2012

Acerca de la inexistencia de espíritus, fantasmas y espectros, o cómo el cerebro se engaña a sí mismo

Aunque no tiene demasiada relación con el ámbito científico, me pongo a escribir éste artículo sobre espíritus y fantasmas porque es algo que realmente me preocupa. Y el motivo por el cual me preocupa es el siguiente: he conocido algunos locos que creen en OVNIS, he conocido algunas locas que creen en astrología, he conocido algunos individuos con creencias religiosas; pero del fenómeno de espíritus y fantasmas parece no salvarse casi nadie. Prácticamente toda persona que conozco, más allá de su nivel de inteligencia, conocimiento o razonamiento, afirma creer que “algo hay” en relación con los espíritus.

La mayoría de esas afirmaciones derivan de alguna experiencia personal para la cual no encuentran una explicación razonable: sonidos extraños durante la noche, la visión de una sombra atravesando un pasillo en la oscuridad, un retrato familiar que se desplomó sin motivo alguno, incluso experiencias con juegos como la güija. Por supuesto, al igual que ocurre con las otras pseudo-patrañas, lo que nunca sucede es un evento claro y definitivo; por ejemplo, un espíritu presentándose claramente frente a una persona y permitiéndole tomar fotos y videos precisos del encuentro. Lo cual es extraño que nunca haya sucedido, puesto que si yo muriera y quedara vagando en forma de espíritu, querría que mis descendientes se volviesen famosos obteniendo evidencia certera de la existencia de un fantasma; pero dejémoslo ahí, porque estoy divagando y mi sarcasmo puede ser malinterpretado por malintencionados.



Por supuesto, todo el mundo sabe que la creencia en fantasmas y espíritus es una superstición, generalmente asumida de manera cultural, sin ninguna clase de evidencia científica. Y aún así, personas con grado considerable de conocimiento científico afirman haber tenido alguna clase de experiencia. Por supuesto, no pretendo señalar a aquellos que carecen de las herramientas y el conocimiento apropiado para discernir entre lo ilusorio y lo real: una persona desinformada probablemente sea proclive a creer en fantasmas y espíritus. Pero lo que trato de remarcar es cómo aún personas informadas y con una mentalidad científica pueden caer victimas de la ilusión cuando se trata de espíritus. Y antes de que alguien piense o diga “la ciencia no lo puede explicar todo”: está bien, estamos de acuerdo, pero aun así no deja de ser la mejor herramienta que tenemos para conocer al mundo y la naturaleza que nos rodea. Y si no están de acuerdo, díganme un solo ejemplo de algo que no tenga una explicación científica que sí haya sido comprobado como cierto por algún otro método (y no me vengan con “la ciencia no puede explicar el amor”, porque la neurociencia ha dado gigantescos saltos para hacerlo).

Durante un juego con la tabla guija es fácil caer presa de la sugestión y engañarse a si mismo, creyendo cosas que no son ciertas.

La creencia en espíritus es muy propia de la naturaleza humana y probablemente sea una de las creencias más antiguas que existen. El motivo por el cual ésta creencia se encuentra tan asentada en la psicología del ser humano es que alimenta y nutre una de las esperanzas más grandes del hombre: la supervivencia de la conciencia o “alma” tras la muerte del cuerpo físico. Por supuesto, las religiones se encargaron luego de crear cuentos más adornados sobre este fenómeno: lugares imaginarios como el paraíso y el infierno, rencarnaciones en otras formas de vida, etc. Pero cuando las primeras tribus de humanos tuvieron que enfrentarse al descorazonador pasaje de la vida a la no existencia, la creencia de que los espíritus prevalecían tras la muerte de seguro les ayudó a lidiar con ello.

Todo lo anterior ayudaría a explicar porque la creencia en espíritus suele ser tan común, aun en personas bien instruidas: es algo que el hombre lleva antropológicamente muy arraigado desde tiempos remotos, y le provee calma ante la desesperante posibilidad de la muerte definitiva y la perdida completa de su identidad. Y aunque no tengamos ninguna forma de demostrar científicamente si ocurre o no algo después de la muerte, toda la evidencia que tenemos por la forma en que funciona la naturaleza y el Universo nos indica que no existe nada tras la muerte física. De hecho, sería incorrecto hacer una separación entre muerte física y muerte espiritual, ya que esto último ni siquiera existe. Lo que las personas quieren creer que persiste tras la muerte, llámese espíritu, alma o conciencia, es sólo un producto de la actividad neuronal en nuestros cerebros, y no algo separado de nuestro cuerpo como suele creerse. La neurociencia ha dado enormes pasos en explicar la conciencia humana, el modo en que las interconexiones neuronales y los intercambios químico/eléctricos en nuestro cerebro nos dotan de inteligencia, de conciencia y de identidad individual.

Quisiera detenerme un segundo aquí y explayarme un poco más acerca de esto último, para que logremos captar la magnitud de belleza que se produce en este hecho natural. El cerebro es una maquinaria increíble, compuesta por aproximadamente 90 mil millones de neuronas, entretejidas entre si a través de más de 10.000 conexiones sinápticas cada una. Pero más allá de este fascinante hecho, a nivel básico el cerebro está hecho de lo mismo que todo lo demás: átomos. Quiero remarcar esto para que entendamos lo increíble y precioso que es aquello que llamamos “conciencia”: los mismos átomos que agrupados de cierta forma producen una roca, una mano, un tronco o cualquier otra cosa, agrupados de una forma muy especial producen conciencia; producen amor, odio, inteligencia, memoria, sueños, recuerdos, toda esta gama de cosas maravillosas que no existen físicamente, pero que son posibles gracias a la espectacular maquinaria del cerebro.

Un cerebro promedio tiene 90 mil millones de neuronas interconectadas y se muere una neurona por segundo. El número es tan grande que tras 85 años aún queda el 97% del total. Todo eso produce lo que denominamos "conciencia".

Debido a que la conciencia, eso que también algunos denominan “alma” o “espíritu”, se produce únicamente en nuestros evolucionados cerebros, lamentablemente debo asesinar las esperanzas de muchos y decirles que no es posible que todo eso sobreviva a la muerte cerebral. Una vez que las neuronas han cesado su actividad y ya no existe transmisión química o eléctrica entre ellas, también ha dejado de existir la conciencia, el alma, el espíritu y la individualidad; todo aquello que nos convierte en humanos se pierde para nunca regresar. Por supuesto que no estamos completamente seguros de ello, pero tenemos un grado elevado de certidumbre como para poder afirmarlo. Sé que es una visión nefasta y puede aterrar a muchos si lo piensan profundamente, pero lo mejor que puede hacerse es tomar una perspectiva similar a la que expuso el astrofísico Neil deGrasse Tyson cuando un religioso le preguntó acerca de la muerte:

"Pediría que mi cadáver sea enterrado y no cremado, para que así el contenido de energía que contenga mi cuerpo sea devuelto a la tierra, para que de este modo la flora y la fauna se alimente de mi, de la misma forma que yo me he alimentado de flora y fauna durante toda mi vida."

Para continuar con los motivos por los cuales los espíritus no existen, voy a citar al novelista Edward Bulwer-Lytton: “La persona más fácil de engañar es uno mismo”. Es muy sencillo encontrar un ejemplo de esto: basta con observar por un rato un cielo parcialmente nublado, y como todos hemos hecho alguna vez, empezaremos a encontrar formas reconocibles en las nubes. El fenómeno psicológico que explica esto se llama “pareidolia” y se trata de un vestigio evolutivo en nuestros cerebros, donde un estímulo vago o aleatorio es percibido erróneamente como algo reconocible. Otros ejemplos de este fenómeno son las fotografías de nebulosas con formas reconocibles y las constelaciones. Del mismo modo que a las nubes con formas, este prejuicio cognitivo puede aplicarse a toda clase de ilusiones ópticas que nos hacen ver cosas donde no las hay: los reflejos de ventanas, habitaciones parcialmente oscuras, sombras proyectadas, figuras en la neblina y cientos de ejemplos más.

La nebulosa de la cabeza de caballo es un claro ejemplo de pareidolia: donde solo existe una nube de gases y polvo estelar, nuestro cerebro identifica un patrón reconocible como una cabeza de caballo.

Sumado a la pareidolia, encontramos otro fenómeno psicológico que nos hace engañarnos a nosotros mismo. Se trata de la denominada “apofenia”, una experiencia errónea que consiste en percibir patrones, conexiones o ambas en sucesos aleatorios o datos sin sentido. Como ejemplo de este fenómeno me viene a la mente una conversación que tuve con un amigo, quien tiene una mente científica y escéptica como la mía, pero aún así algunas “experiencias raras” le han llevado a creer “que algo hay”. Una de esas experiencias, según él me lo contó, sucedió un día cuando, sin motivo aparente, un retrato familiar se desplomó hacia piso y quedó destrozado. En el retrato aparecían fotografiados varios miembros de su familia, y fue muy curiosa la forma en que se rompió la foto, como “separando” a las personas que aparecían en la misma. Poco tiempo después, los padres de mi amigo se divorciaron y su familia entera quedó separada.

Por supuesto, a primera vista el fenómeno puede parecer bastante sobrenatural: un retrato se rompe misteriosamente, los miembros de la foto quedan separados y tiempo después la familia sufre una separación real. Pero si lo analizamos todo con cuidado, descubriremos que se trata de un claro ejemplo de “apofenia” y que en realidad sacando esas conclusiones apresuradas nos estamos engañando a nosotros mismos. De hecho, la explicación a dicha experiencia es bastante simple: los retratos suelen romperse, las familias suelen separarse; nada más que eso. Son eventos comunes y que suelen suceder con frecuencia en la experiencia cotidiana, y que no tienen relación alguna entre sí, pero aun así nuestra mente se empeña en buscar alguna conexión. Un ejemplo aun más claro para explicarlo sería el siguiente: sin saber acerca del estado del clima, ni observar ningún pronóstico meteorológico, yo cierro los ojos y afirmo que va a llover. Entonces observo hacia afuera y empieza a llover. ¿Poseo yo alguna clase de poder que predice la lluvia? ¿He ocasionado yo mismo la lluvia? De ninguna forma: lo que sucede es que a veces llueve, y a veces no; simplemente eso. Solo se produjo la coincidencia de que yo afirmé que llovería y empezó a llover, pero eso no quiere decir que lo segundo sea consecuencia de lo primero. Muy diferente sería, por ejemplo, si yo dijera “van a llover sapos”, luego salgo a la calle y empiezan a caer sapos del cielo; ahí si podríamos empezar a dudar.

Así que sumados, la pareidolia y la apofenia pueden llevarnos a percibir la realidad de una forma engañosa; es decir, partir de premisas engañosas y poco precisas para arribar a una conclusión completamente equivocada. Y todo esto se acentúa aún más si nos encontramos bajo el efecto de la sugestión y el miedo que ésta produce. ¿O acaso escucharon alguna vez una historia sobre espíritus que se desarrolle a plena luz del día, en el medio de un parque iluminado por el sol y rodeado de flores y mariposas? Por supuesto que no, la mayoría de los encuentros ocurren de noche, en lugares oscuros, o en casas muy antiguas, donde es propenso ver sombras, escuchar ruidos extraños y donde los efectos de la sugestión son mas notorios, es decir, donde nuestro cerebro se encuentra alerta y enfocado en la tarea de encontrar patrones y cosas extrañas.

El famoso caso del astrónomo aficionado Percival Lowell es un ejemplo claro de apofenia: mientras observaba el planeta Marte, creyó ver líneas rectas sobre la superficie, de lo que dedujo la existencia de canales artificiales como prueba de una civilización inteligente en Marte. Por supuesto, se encontraba equivocado.

Y aún nos queda otro efecto más para sumarle a esta cadena de auto-engaños que finalmente lleva a que sean tan frecuentes las historias de espíritus en nuestra sociedad, y es el efecto “teléfono descompuesto”. Por ejemplo, una noche tormentosa yo siento un ruido fuerte en la cocina, me dirijo hacia allí, creo ver una sombra en la pared y encuentro muchos cuchillos desparramados por el suelo. Por efecto de la pareidolia relaciono a la sombra con un espíritu enojado, por efecto de la apofenia establezco como causa para los cuchillos en el suelo que el espíritu los arrojó, y la sugestión me obliga a seguir reforzando esos pensamientos y no buscar otra explicación más plausible. Pero no termina ahí la cadena: cuando yo le cuente la historia a algún amigo, probablemente agregue algún detalle impresionante, como que la sombra me miró y luego despareció, para hacerla aún más tenebrosa o porque el recuerdo no es claro. Luego, cuando mi amigo cuente la historia a otra persona, seguramente modificará algún dato o agregará algún detalle, haciéndola aún más inverosímil. Por efecto del “teléfono descompuesto”, finalmente la historia será popularmente conocida como "la noche en que varios jóvenes se sentaron a jugar al juego de la copa, los espíritus se manifestaron frente a ellos, hicieron volar los cuchillos por toda la habitación y varios de ellos resultaron asesinados en el evento". Esto nos ayuda a comprender porque existen tantas historias y tanto folclore acerca de los espíritus en las diferentes culturas.

Mi próximo argumento sobre la inexistencia de los espíritus se sostiene en la base de que conocemos muy bien de qué está compuesto y conformado nuestro Universo. En el campo de la física, tenemos una idea muy clara de todo aquello que compone la naturaleza: conocemos las interacciones subatómicas que se dan en el interior de los átomos, entendemos las reacciones químicas que producen los electrones, comprendemos de que está hecha exactamente la luz, es decir, sabemos exactamente de que está hecha la materia que conocemos, con algunas pocas excepciones, como la materia oscura y la energía oscura (pero los fantasmas no son una de ellas).

¿A que deseo llegar con todo esto? Muchas veces he escuchado el siguiente argumento de gente inteligente que justifica la existencia de espíritus: “vos sabes que nosotros solo vemos una pequeña franja de luz visible y el espectro electromagnético es inmenso, por lo tanto, no sabes que puede haber en los otros rangos que no podemos ver”. Seguir esa clase de líneas de pensamiento puede llevar a toda clase de conclusiones disparatadas. Mi respuesta en ese caso, por supuesto, es siempre la misma: que no podamos usar uno de nuestro sentidos, en este caso la visión, no significa, en primer lugar, que no tengamos otros instrumentos para analizar e interpretar eso, y en segundo lugar, que tengamos que sacar toda clase de conclusiones locas. Si bien es cierto que no podemos ver directamente con nuestros ojos más allá de la franja de la luz visible, poseemos toda clase de dispositivos y herramientas que nos permiten estudiar, analizar y comprender el resto del espectro electromagnético. Y hasta ahora no he visto a ningún científico afirmar que se le presentó un fantasma en infrarrojo, o que se comunicó con un espíritu usando las ondas de radio. Que no podamos ver algo directamente no significa que debamos asumir que allí se producen toda clase de fenómenos bizarros; significa que debemos ingeniar otros métodos más allá de nuestros sentidos para interpretar y comprender eso que no podemos ver. Y repito: conocemos demasiado bien todo el espectro electromagnético, nada raro allí.

Las diferentes manifestaciones de la luz a través del espectro electromagnético: las conocemos a la perfección y sabemos como analizar, medir y utilizar cada una de ellas.

Por otro lado, también hay personas que afirman que los fantasmas están conformados de algo completamente diferente, como el ectoplasma, un (inexistente) fluido etéreo del cual estarían compuestos los espectros. Por supuesto que no hay ninguna clase de evidencia al respecto y ese “ectoplasma” solo es real si estamos dentro de la película “Los Cazafantasmas”. Si tal materia existiese, hace tiempo que sabríamos de que está hecha, como se comporta y cuales son sus propiedades, al igual que lo sabemos de todo el resto de la materia conocida. Si fuera cierto, por ejemplo, que la presencia de espíritus hace descender la temperatura de las habitaciones, esto significaría que lo que los constituye interactúa con los átomos del aire y los hace moverse más lentamente, quitándoles energía cinética y calórica en el proceso, y enfriando la habitación como consecuencia. Si tal evento fuera cierto, podríamos analizar dicha materia, experimentar con ella y obtener conclusiones satisfactorias. Pero por supuesto no podemos hacerlo, porque los fantasmas, espíritus y espectros están conformados por una sola clase de materia: la imaginación.

Por último, como dije al principio del artículo, todo esto no tiene relación directa con el ámbito científico, porque todos estaremos de acuerdo en que dichos fenómenos se denominan “sobrenaturales”. Y esto sencillamente significa que se encuentran por fuera de la naturaleza (entendida como lo natural, lo producido por el Universo). Y dado que la física y la ciencia se encargan de estudiar a la naturaleza y el Universo, no tiene demasiado sentido aplicar sus estudios a cosas que no pertenecen al Universo, y por lo tanto, no existen. Porque esa es la realidad, por definición: aquello que no pertenece a nuestro Universo, no existe, no es parte de la realidad, es irrelevante (por algo nos encargamos de crear una definición de Universo y englobar toda la realidad con sus leyes y reglas).

Y comprendo que decir que “no existe” es una expresión fuerte, y que aquellos que crean en espíritus no la encontraran satisfactoria, pero si quieren pueden pensarlo de la siguiente manera: los fantasmas y espíritus existen del mismo modo que un arcoíris existe. Un arcoíris es una ilusión óptica producto de la incidencia de la luz del Sol sobre las gotas de lluvia, por lo tanto, no es algo real y tangible que pueda tocarse, sino que depende del observador para existir y de sus ojos captando la ilusión provocada por la descomposición de la luz. Analogamente, los espiritus son una ilusión producto de la mente del individuo, que bajo un estado de sugestion y por algunos defectos evolutivos en el cerebro, se engaña a sí mismo y cree percibir cosas donde realmente no hay nada. Las gotas de agua y los fotones de luz son reales, como lo son los sonidos y las sombras que se perciben en los encuentro sobrenaturales; los ojos de quien observa un arcoíris son análogos al cerebro de quien interpreta los ruidos y las sombras; el arcoíris y los espiritus son la ilusión, un producto aparente pero no real que se produce como consecuencia de los demás elementos. Del mismo modo que sin ojos no existe un arcoíris, sin cerebro auto-engañado no existen los fantasmas.

El arcoíris no es otra cosa más que una ilusión visual, al igual que los espíritus y fantasmas corresponden un tipo de ilusión producida en el cerebro.

Y aun así me sorprende, como mencionaba al principio, que personas con conocimientos científicos sean creyentes de fenómenos sobrenaturales. Y entiendo que para muchos esa clase de fenómenos sean fuente de misterio, folclore e historias excitantes. Pero me pregunto: en lugar de perder el tiempo tratando de encontrar sentido a eventos que realmente no existen, ¿no sería más provechoso usarlo tratando de explicar y comprender aquello que sí es real? Porque debo decirlo, en nuestro Universo y en la naturaleza existen miles de fenómenos excitantes, sorprendentes y maravillosos que todavía no comprendemos enteramente: desde el surgimiento de la vida, pasando por los agujeros negros, las situaciones del mundo cuántico que contradicen la experiencia cotidiana, la teoría de cuerdas, la existencia de vida en otras regiones del espacio, la estructura del Universo a gran escala, entre miles de otros misterios por descubrir. Entonces mi pregunta es: ¿les parece dedicar tiempo y energía mental a algo que no existe, que no es real, cuando hay tanto que sí existe y que no entendemos completamente?

Y si antes comencé citando a un novelista, no puedo más que finalizar citando, por un lado, a uno de los físicos modernos más importantes, y por otro, a uno de los pensadores más influyentes de nuestros tiempos:

"Tengo la mente abierta, pero no tanto como para que se me caiga el cerebro."
(Richard Feynman)
"Lo que puede ser afirmado sin pruebas, también puede ser descartado sin pruebas."
(Christopher Hitchens)

Actualización 30/07/2012: 

He encontrado un fragmento del libro “Esquema del Universo” de James Gerald Crowther que me pareció apropiado compartir y que suma otra perspectiva, desde el punto de vista neurológico, al problema de los espíritus:

“Una persona que tiene alucinaciones visuales seguramente recoge en su cerebro sensaciones visuales, debidas, quizá, a que el nervio que transporta los mensajes desde los ojos al cerebro ha sufrido un estímulo físico anormal en el interior de la cabeza. Las dificultades con que se tropieza para convencer a estos sujetos de que las sombras que perciben son falsas, son tan grandes como las que ofrecen los amputados cuando creen que el miembro extirpado todavía forma parte de su cuerpo. Las gentes que pretenden ver fantasmas pueden rigurosamente experimentar la sensación en su cerebro, y ello probablemente es debido a algún defecto de un sistema de nervios aferentes y de los centros receptivos sensoriales del cerebro. La aparición de espíritus o fantasmas puede compararse a un repiqueteo de un teléfono al que nadie ha llamado. Cuando se investiga la causa, se observa que es debida a un desperfecto que desvía la corriente eléctrica hacia el alambre del teléfono en cuestión. De igual modo, en el cerebro de las personas que ven fantasmas, las corrientes nerviosas normales van a descargarse en las fibras que marchan hacia los centros de percepción óptica, y provocan la sensación de imágenes.”

18 comentarios:

  1. Muy buen artículo! Me hizo acordar a este otro que hace tiempo escribí para el CEA (aunque en versión mucho más light y con cierto tono de humor).

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    1. Gracias por tu comentario Jorge, y genial el artículo que compartís en el mismo.
      Un gran saludo!

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  2. Lastima que no tocaste el tema de las otras dimensiones mas allá de las tres que nosotros percibimos.

    No digo que la consciencia y el alma se alojen o pertenezcan a otra dimensión o un universo paralelo, pero si quieres analizar el tema hay que ver hasta esas opciones reales que están allí y no son tangibles para nosotros.

    http://es.wikipedia.org/wiki/Teor%C3%ADa_de_cuerdas

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    1. Gracias por tu aporte. No recurrí al tema de otras dimensiones porque no me pareció necesario para demostrar la inexistencia de fantasmas y espíritus. Con respecto a “otras dimensiones mas allá de las tres que nosotros percibimos”, solamente conozco la cuarta dimensión que llamamos “tiempo” o las hipotéticas 7 dimensiones especiales adicionales de la teoría de cuerdas; pero honestamente no encuentro la conexión entre estas dimensiones matemáticas necesarias para explicar ciertas teorías físicas, con el fenómeno de los espíritus. Y con respecto a la conciencia y el “alma”, hasta donde entendemos se alojan en un solo lugar: el cerebro humano.
      Saludos!

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  3. El artículo comenzó interesante. Sin embargo, los dos ejemplos expuestos (La fotografía rota y la lluvia) no creo que se puedan aplicar con tanta exactitud como ejemplos del suceso. El primero porque una fotografía, que es un papel, no se rompe por una caída. Solo el marco y el vidrio lo harían. Y el tema de la lluvia puede pronosticarse con mayor exactitud a través de sensaciones corporales (60% de aciertos) que del pronóstico de los observatorios (45%). Donde podríamos aportar, también, la teoría de la relatividad o teoría de las cuerdas de tiempo que, conjuntamente, podrían cruzarse y generar estos fenómenos. Sin conocer la totalidad de la masa y anti materia existente en el universo. Pudiendo agregar hoy, 4 de Julio, el descubrimiento de las partículas en el bosón de Higgs.
    Honestamente, esperaba algo más serio, no soy religioso y, más bien escéptico, pero abierto a creencias. Así fue como la evolución científica se abrió paso y desterró a las tortugas que sostenían el planeta.

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    1. Si bien es cierto que a partir de ideas nuevas y renovadoras, que en su momento fueron tomadas como “disparatadas”, fue como se abrió camino la revolución científica, también es cierto que a partir de lo que no comprendemos sobre la teoría de cuerdas o las diversas partículas NO podemos afirmar la existencia de fantasmas o fenómenos espectrales. Es erróneo llenar las “lagunas” o los vacíos en nuestro conocimiento con cosas inventadas por nuestra imaginación; el camino correcto es seguir investigando, proponiendo teorías plausibles y testeándolas con la realidad reiteradas veces para encontrar lo más cercano a lo que llamamos realidad. Quizás no estoy comprendiendo bien tu comentario, pero hasta ahora en nuestro escrutinio científico de la realidad no hemos encontrado nada que se le parezca ni un poco al fenómeno de los espíritus o fantasmas.
      Saludos!

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  4. Como dice Popo Marc con el ejemplo de las tortugas, si la humanidad se hubiese dejado aplastar frente a la incredulidad de diversos grupos y/o pensamientos con ciertos temas, la ciencia no hubiese avanzado tanto como lo ha hecho y probablemente hubiese avanzado mucho más si es que no se cerrara en puntos como este, sólo porque no los comprende.

    Yo no niego en que estoy muy de acuerdo con gran parte de la explicación de este post, pero cuando llegamos al punto del arcoiris, afirmando su inexistencia, me puse a pensar y me dí cuenta que estoy muy en desacuerdo, puesto que, el arcoiris SI existe, sabemos que "es un fenómeno óptico y meteorológico que se produce por la aparición de un espectro de luz continuo en el cielo... bla bla,bla ", basándose sólo en que es el resultado de algo y que por ende no existe, es como decir que un pastel no existe! que es sólo la mezcla de agua, harina, huevos, etc, o decir que un dibujo no existe! que es solo la mezcla de carbon con papel o tinta con papel, que sin papel o sin tinta no podría existir, me parece necio (y cerrado) afirmar que algo no existe sólo porque no lo conocemos bien, probablemente miles de años A.C. la gente hubiese dicho "un dibujo o un pastel no existe" sólo porque no conocía la receta o el papel.

    Te propongo pensar lo siguiente; Qué tal si el arcoiris es algo que sólo los humanos podemos ver??? Qué tal si otros animales no pueden verlo? eso lo hace menos real?? que tal si la capacidad de percibir "fantasmas o espectros o por último el ectoplasma" es algo que sólo lo percibe un porcentaje mínimo de la humanidad??? eso lo hace menos real sólo porque tu y yo no creemos en eso? lo hace irreal sólo porque los científicos (quienes antes no pudieron estudiar ni probar infinidad de cosas) no pueden estudiarlo ahora? Qué tal si la pareidolia y la apofenia es algo que los propios científicos estan usando para convencerse (y convencernos) de sus propias teorías?

    No digo que sea cierto, pero creo que el post no debió ser tan cerrado, hay muchos fenómenos paranormales de los cuales sería tonto negar su existencia y no estoy hablando de fantasmas, me refiero a temas cómo la Scopaesthesia, La telequinesis, Telepatía, etc. Tal vez algunos de nuestros descendientes tenga la suerte de vivir en una época, donde algún Albert Einstein o Freud del futuro explique sobre alguna función del cerebro o alguna habilidad física que permitía a la gente de nuestra época y antepasada, presenciar cosas "sobrenaturales".

    Saludos.
    Vanhery

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  5. Con todo el respeto me parecen argumentos muy simplistas para responder a una gran cuestión. Entiendo que desde una perspectiva científica el autor no acepte la existencia de seres sobrenaturales mientras no existan evidencias. Conforme, pero las conclusiones que extrae de ello me parecen demasiado aventuradas, y me explico.

    Al autor le sorprende sobremanera -lo dice varias veces- ver que hay muchas personas cultas dentro del ámbito científico reconociendo que "algo hay". Quizás el problema esté en la pregunta ¿Existen los fantasmas o espíritus?. Me parece una forma muy pobre de plantear una cuestión mayor ¿existe Dios?. Dada la trascendencia de las conclusiones que extrae el autor, ésta es la pregunta.

    Pruebas científicas de su existencia no tenemos, luego la argumentación utilizada por el autor debería ser aplicable para contestar a la pregunta que planteo.

    Pues voy a citar a alguien muy poco sospechoso de ser un tonto, Einstein. Esta gran mente demostraba más humildad que el autor ante la inmensidad del Universo. Reconocía, que su teoría de la relatividad se hacía trizas cuando llegaba al punto de origen, al huevo cósmico. Y reconocía que sólo podía intentar explicar el espacio tiempo posterior a la explosión pero lo que había antes... imposible. La ciencia llama a esto la "singularidad",...bonita forma de escurrir la gran pregunta, la metemos debajo de la alfombra y a correr. ¿qué había antes del huevo? 0=1 ¿como es esto posible? ¿La materia es eterna? ¿Puede surgir algo de la nada?.

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  6. Einstein dijo que Dios no jugaba a los dados con el Universo. Sencillamente porque le parecía la única explicación RAZONABLE al origen del Universo y al misterio de nuestra existencia.

    Discrepo totalmente con el autor respecto al estado de nuestros conocimientos científicos. Afirma que prácticamente lo sabemos todo sobre la materia, exceptuando la materia y energía oscura (hombre, cuando la materia y energía oscura conforma más del 90% del universo conocido -del desconocido ni hablamos- me parece que se ha pasado)

    No niego los impresionantes avances que se han hecho y que gracias a la ciencia sabemos que no ocupamos el centro del universo, pero a efectos prácticos estamos en la misma situación. La ciencia está en las antípodas de explicar la singularidad 0=1. No somos capaces ni de llegar a la estrella más cercana, cuando harían falta todos los granos de arena del planeta tierra para aproximarnos al número de estrellas mensurables. Me parece una actitud muy prepotente ante la inmensidad del Universo.

    Quizás dentro de un millón de años pleguemos el espacio y seamos capaces de viajar a los confines del universo, y la física cuántica demuestre que 0=1. Yo no puedo esperar tanto. Por ahora la ciencia no ofrece ni por asomo respuestas a las verdaderas preguntas ¿Qué hacemos dando vueltas en una canica inestable perdida en un universo inconcebible? ¿Qué somos? ¿Una casualidad? ¿La materia de la que estamos hechos ha existido siempre? ¿0=1?, por tanto me parece razonable y lógico cuestionar el método científico para alcanzar las respuestas que pueden condicionar el comportamiento de un individuo o de una sociedad entera.

    No cuestiono para nada la actividad científica ni el método científico como herramienta de indagar en la realidad, es más admiro profundamente a las personas que son capaces de poner una sonda en Marte o encontrar el bosón de higgs. Pero hay que ser realistas respecto a nuestras capacidades, con los datos que tenemos hasta la fecha. No puedo evitar sonreír cuando veo la película 2001 una odisea espacial -buenísima por cierto-. Los grandes futurologos de la época imaginaron un futuro bastante más avanzado para la fecha en cuestión.

    Lo que realmente me sorprende es que personas inteligentes como el autor se sorprendan de que seres humanos cultos opten por una opción religiosa o espiritual para dar una explicación a su vida.

    No puedo demostrar la existencia de Dios, pero si me tengo que creer que de la nada aparece huevo infinitamente denso que explota, y después de mil trillones de casualidades estoy escribiendo este post, señores, tienen mucha mas fe que yo.

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  7. Yo no soy religiosa, pero he tenido sueños y se estan cumpliendo y jamas antes creia en en que existia algo aparte de la ciencia. ahora creo que los humanos no somos mas que una parte pequeña de un todo universal y que puede ser un dios o lo que queramos llamarlo.

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  8. Hola me gusto mucho el reportaje me preguntaba si me podrías dar alguna fuente bibliográfica acerca de este tema ya que quiero conocer mas.... gracias

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  9. Hola me gusto el articulo. me podrías dar la ficha bibliográfica del libro Esquema del universo de James Gerald Crowther

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  10. eres muy inteligente al tener estas afirmaciones pero ciento corregirte en mi casa hay un......................................................................

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  11. Encantada de leerte. Soy tu fan desde ahora.

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  12. Encantada de leerte. Soy tu fan desde ahora. :)

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  13. Muy buena publicación , felicitaciones pero yo te quiero preguntar algo? como se explica que un baso que esta en medio de una mesa salte al suelo y se rompa por si solo?. o estar durmiendo y sentir que te hablan al odio? coo se explican esas cosas ! por que yo principalmente e visto como , como salta un baso de vidrio del medio de una mes al piso , y como se mueve un pestillo sin haber alguien detrás ! como se explica eso? es poder del cerebro humano , o mismos existe algo que nosotros no podemos percibir ?

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  14. Muy buena publicación , felicitaciones pero yo te quiero preguntar algo? como se explica que un baso que esta en medio de una mesa salte al suelo y se rompa por si solo?. o estar durmiendo y sentir que te hablan al odio? coo se explican esas cosas ! por que yo principalmente e visto como , como salta un baso de vidrio del medio de una mes al piso , y como se mueve un pestillo sin haber alguien detrás ! como se explica eso? es poder del cerebro humano , o mismos existe algo que nosotros no podemos percibir ?

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