24 de agosto de 2010

Advertencia: No creas ciegamente en nada

En esta ocasión no voy a versar demasiado acerca de descubrimientos, ni teorías, ni experimentos, ni datos científicos de interés, sino que voy a referirme a la actitud correcta con la que deberían ser tomados todos éstos en el marco de la ciencia. La inspiración para escribir este artículo surgió de una conversación que mantuve con un amigo y antiguo colega de trabajo, quien siempre estuvo interesado en la ciencia y toda clase de actividades intelectuales, y con el cual he mantenido muchas conversaciones de esas que “abren la mente” y hacen que uno se plantee las cosas desde una nueva perspectiva; una persona que se empeñaba en explicarme las consecuencias de viajar a velocidades relativistas cuando aún mi cabeza se encontraba demasiado vacía (¿o llena?) como para comprender tal embrollo. La conversación a la que me refiero se inició con la más halagadora, enriquecedora y auténtica crítica que cualquier persona que hable sobre ciencia puede recibir, y es la siguiente (cito sus palabras textuales):
"Es excelente el blog... con la sola excepción del increíble orgullo que demostrás, o sea, tenés que dejar siempre un lugar a la extremadamente pequeña posibilidad de que estemos equivocados."
No creo que existan mejores palabras para describir la actitud que uno debe asumir al momento de realizar cualquier actividad relacionada con la ciencia, y porque no, con cualquier otra cosa en la vida. Y la palabra clave aquí es escepticismo; veremos a continuación de qué se trata.


Durante la mayor parte de la historia, la humanidad consideró totalmente válida e irrefutable a la teoría Geocéntrica, que colocaba a la Tierra en el centro del Universo, a los demás planetas y el Sol orbitando a su alrededor en diferentes capas, y al resto de las estrellas como un fondo fijo, inmóvil e inmutable. Hasta hace poco más de cien años toda la comunidad científica y los físicos más renombrados del momento consideraban verdadera la existencia del éter, una hipotética sustancia extremadamente ligera que se creía que ocupaba todos los espacios vacíos como un fluido. Por esos mismos años la comunidad científica también creía que los átomos eran la división más pequeña de la materia, la unidad de la cual se componía todo a nuestro alrededor.

Sin embargo, en la actualidad sabemos que todas estas teorías, que algún día fueron verdaderas para generaciones enteras de personas, ya no explican las cosas de manera ajustada con la realidad, son inexactas o están, sencillamente, completamente erradas. Sabemos que la Tierra no es el centro de nada, sino que es solo uno de los ocho planetas que orbitan alrededor de una estrella formando un sistema, y que a su vez ese sistema tampoco es el centro de nada, sino que está perdido en uno de los colosales “brazos” de una gigantesca galaxia, una entre las miles de millones de galaxias del Universo conocido. Sabemos que no existe tal cosa como el éter, por los experimentos sobre el comportamiento de la luz en el vacío, aunque “reemplazamos” ese intrincado concepto con otros más misteriosos como la materia oscura y la energía oscura. Sabemos que los átomos no son la unidad indivisible, sino que éstos pueden descomponerse en partículas elementales como los electrones, protones y neutrones; y estos a su vez pueden descomponerse en los llamados quarks. Pero lo más importante de todo esto, y lo quiero remarcar, es que siempre que uso la palabra “sabemos”, lo hago de la misma forma que en la antigüedad "sabían" que la Tierra era el centro del Universo, que el éter existía y que los átomos eran indivisibles. ¿Se me entiende? Nada nos asegura que lo que hoy sabemos y consideramos como teorías serias, imposibles de refutar, no serán el día de mañana desechadas como puros disparates imposibles de congeniar con la realidad.

Lógicamente hay un límite bastante claro que diferencia lo que es viable creer, como aquello que cae en la categoría de teoría científica seria, con respecto a otras patrañas imposibles de creer como son la pseudociencia y las afirmaciones religiosas. Todas las hipótesis y teorías científicas dignas de ser consideradas como tales requieren evidencia empírica verificable, son puestas a prueba constantemente a través del método científico y son contrastadas con la realidad mediante diversos experimentos. Y aunque nunca pueda asegurarse que sean 100% verdaderas, se mantienen vigentes porque logran salir victoriosas y prevalecer a tales intentos de destruirlas; si algún aspecto de la realidad las contradijera radicalmente, debería modificarse alguna parte de las mismas o ser reemplazadas completamente, como ya ha ocurrido en el pasado. Por el contrario, las pseudociencias y la religión hacen afirmaciones acerca del mundo y el Universo sin preocuparse por obtener pruebas o evidencias al respecto, sin realizar experimentación alguna, y exigen creer de manera dogmática tantas estupideces como les dé el tiempo para inventar. De nuevo, el límite y la diferencia son bastante claros.

En un ensayo muy sincero y personal, escrito en forma de carta para su hija de diez años y denominado “Buenas y malas razones para creer” (incorporado luego a su libro “El Capellán del Diablo”), el etólogo escéptico Richard Dawkins habla sobre las tres malas razones para creer en algo: tradición, autoridad y revelación.
  • La tradición se refiere a cargar con creencias de nuestros padres y abuelos, que a su vez ellos obtienen de sus propios padres y abuelos, y que no están basadas en prueba alguna; este tipo de creencias se originan de la nada, posiblemente inventadas por alguien hace muchísimo tiempo, y adquieren el carácter de ciertas por la misma antigüedad que acarrean.
  • La autoridad significa creer algo porque alguien importante dice que debes creerlo, como sucede en la Iglesia Católica Romana, donde la autoridad más importante es el Papa y la gente cree que tiene razón en todo por el simple hecho de serlo. Por supuesto que incluso en la ciencia debemos aceptar la palabra de otras personas, pero la diferencia radica en que esas personas han visto las pruebas y evidencias, y todo aquel que quiera es libre de examinarlas cuando lo desee. La creencia debe estar respaldada en las pruebas, no en la autoridad de seres humanos.
  • La revelación se relaciona con las sensaciones y los presentimientos, cuando alguien afirma tener un sentimiento interno e imposible de explicar de que algo es cierto; toda esta clase de sensaciones interiores no son, por si solas, pruebas suficientes de nada. En algunas ocasiones éstas son valiosas para la ciencia, pero solo para darnos ideas que luego se examinaran buscando pruebas y evidencias.
Mantener una postura escéptica y dudar en razonable medida acerca de todo lo que se nos plantea es algo sano y beneficioso para la ciencia. Es por esto que un científico escéptico evalúa cualquier afirmación basándose en la verificabilidad, falsabilidad y repetitividad, en lugar de aceptar afirmaciones basadas en fe, anécdotas o confiar en hechos infalsables. Jamás debemos considerar una afirmación o teoría como una verdad absoluta, tal cosa no existe. La ciencia no pretende alcanzar la verdad absoluta, porque si la alcanzara entonces no habría forma de seguir progresando y se acabaría la ciencia; llegar a una verdad absoluta inmutable significaría un estancamiento, y el objetivo de la ciencia es siempre el progreso, siempre explicar de una forma cada vez mejor y más precisa lo que nos rodea.

El pensamiento escéptico, la duda, aporta múltiples beneficios a aquel que la posee. Siempre que una persona duda empieza a pensar por sí misma, y esa línea de pensamiento le lleva a investigar y profundizar sobre diferentes temas, cosa que de otra forma probablemente no haría. La duda rompe con las falsas verdades convencionalmente aceptadas y genera nuevas verdades cada vez más precisas, que luego serán dudadas por otros y reemplazadas por mejores visiones de la verdad. Así que duden, vuelvan a dudar y nunca dejen de dudar… incluso de todo lo que han leído en este mismo artículo.

6 comentarios:

  1. Particularmente, creo que una consensación de la propuesta Popperiana, y un nivel en constante desarrollo de la subjetividad de cada uno(entiéndase a "subjetividad" como el concepto utilizado por Cassirer en su exposición sobre lo simbólico del hombre) es "momentáneamente" una forma aceptable (entre muchas más opciones) de solucionar este debate =)
    Damián, es muy buena tu web. Me encantan este tipo de artículos o ponencias!

    Juliana María Oulego

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  2. No me jodas que te bajo de la nube de superioridad intelectual Eda!

    Vamos EDAAAAAaaa!!!!!


    Bueno si, esta bueno, si, pensar garpa, si dudar garpa. Para de showoffear!

    Eso nomas, ahora leo todo el post.

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  3. Fuera de lo que DamianC diga (ya te voy a agarrar a vos) me siento halagado :)

    Edgardo D. Allevato

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  4. CREER EN ALGO ES TENER LA CERTESA DE ALGO TENER FE ES NO TENER CERTESA DE NADA

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  5. Estimado David, tengo que hacer una ponencia en unos días para clase y me ha tocado criticar a un autor cuya teoría es infalsable (René Girard, de hecho). ¿Te importa que tome algunos de tus puntos para mi exposición? Creo que me puede ayudar a defender la idea de por qué es bueno no aceptar algo infalsable como verdadero.

    Gracias y bien hecho. Dani

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  6. Dije David y eres Damián. Disculpa el repost, pero creo que es necesario. ¡Perdón! :)

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